Imagínate que eres una mujer. Ahora imagínate que estás en tu país, llega alguien que dice que no le gusta tu país, se lo carga todo, se va y te larga. Te deja sin casa, sin dinero, sin propiedades. Te separa de tu familia. De pronto, estás en otro sitio -en el que igual se habla tu idioma, igual no- con una mano delante, otra detrás y tres o cuatro churumbeles. Tu piso entero es tan grande como lo era tu habitación cuando vivías en tu país. Tu marido -que seguramente es musulmán, con lo que ello conlleva en sus distintos grados de musulmanidad- está todo el día en casa porque, claro, como no tiene papeles, no puede trabajar. Entonces la ONU te dice: vale, como la policía aquí nunca le va a pedir los papeles a una mujer por "respeto" (que, bueno, por respeto las podían dejar ir por la calle sin burka, digo yo) (pero ya hablaremos de eso otro día), te damos la opción de que hagas trabajos voluntarios y te apuntes a talleres -como el nuestro- a cambio de comida. Tú, que tenías una vida guay y te quejabas por  cosas tipo "se me ha estropeado la pantalla del Mac". Tú, con tu carrera y tu máster de tres mil pavos. Tú, que ibas los domingos por la mañana de cañas a La Latina. This is hardcore, my friend.

Pues así está la cosa por aquí... Desde el 2003.

Ah, y ya por último, imagínate que la comida que te dan cada día es esta.