Será porque estoy en el ecuador de mi viaje

por cansancio

por saturación

por ir a un hospital lleno de niños con cáncer que no se ríen

por no llorar con mujeres refugiadas que llevan dieciséis años sin ver a su hermano (que la llevaba en la espalda cuando iban a la playa porque le daba miedo el agua)

o que sueñan cada día con su padre del que no se pudieron despedir porque salieron de su país pensando volver a la semana siguiente y de esto hace catorce años

o que recuerdan cómo jugaban en el patio de su colegio privado (donde iba la nieta de saddam hussein) aquel día en que mataron a su padre

o que te dicen cosas como "las lágrimas de las mujeres iraquíes nunca se secan"

y ahora viven en campos de refugiados y comen todos los días pollo empanao.

igual es un problema hormonal -qué sé yo... Dejémoslo ahí.

Igual por eso, o por lo otro, hoy me acordé de este texto. Se llama Accidens. Matar para comer y es de una performance de Rodrigo García. En ella, hay una langosta viva con un micro en su corazón. El actor la prepara, la trocea, la echa a una plancha y se la come. Después de comérsela, en una pantalla, va apareciendo este texto con la música de What a wonderful world de Joe Cocker.

He visto a lo largo de mi vida

una docena de personas

morir en la carretera

Y me dije

es bastante

Para un solo tipo

es demasiado

Pero ninguna ha sido peor

que la hostia que me pegué

con el Ford Scorpio

el verano de 2003

lloviendo a mares

Me llama la atención

la suerte que tuve

Seguro que

aquellos desgraciados

que he visto palmar

merecían vivir un poco más que yo

Seguir afligidos por asuntos de trabajo

Beber, engordar

Tener una aventura

Y toda esa mierda

Hay que tener mucha imaginación

y yo no la tengo

para temblar

ante la idea de la muerte

abriendo una lata de albóndigas en salsa

en la cocina de casa

Abriendo una lata de albóndigas en salsa

en la cocina de casa.