Íbamos a ir al Mar Muerto. Pero hacía mal tiempo. Aun así, lo intentamos (que no se diga!). Llegamos y había tanta niebla que apenas se veía el mar. De pronto, parecía que estábamos en el cielo y empecé a encadenar pensamientos (que es una cosa que hace una mucho cuando viaja)...

Estoy delante del Mar Muerto. Enfrente de Jericó, Jerusalem, Belén... Y pienso... Tantos años oyendo hablar de este lugar, tantos años en un colegio del opus, tantos años pensando, imaginando como sería, qué paisaje tendría, dónde estaría... Y por fin he llegado. Estoy aquí, en la tierra prometida.

(o como dirían en mi tierra: donde Cristo perdió er meshero...)