Y porque paso frío. Se me hielan las manos, los pies y el culo. Y me quemo la cara, me salen dos rojeces en los mofletes que parezco Heidi y los viejos borrachos me preguntan en el metro con cierta guasa si he ido a la playa. Ja ja ja, qué gracia que tiene el puto viejo. Aparte, hay que llevar mucho peso encima. Que si el chaquetón o el abrigo, la bufanda, el gorro, los guantes, los calcetines, los calcetines encima de los calcetines, los calentadores, las medias debajo de las mallas, las mallas debajo de los vaqueros, la camiseta interior, la exterior, el jersery... Y ahora entra en un bar y empieza a quitártelo todo para que en menos de media hora te echen del bar (os lo recuerdo: soy moderna, vivo en barna y aquí los bares cierran mu pronto) y tengas que ponértelo todo otra vez para salir a la calle y volvértelo a quitar todo cuando llegues -si es que llegas- al metro (porque os lo recuerdo: soy moderna, vivo en barna y aquí el metro se acaba  a las 0h) para luego aguantar las bromas de los borrachos del metro y volvértelo a poner todo, salir, y así sucesivamente en un bucle infernal-invernal del que uno no sale hasta marzo... Brrr.

Por eso he decorado mi habitación con pósters de playas de Jamaica, postales de Florida, papagayos, ristras de peces y flores tropicales. Por eso sueño que viajo a Mozambique, sola, con una mochila. Y hay montañas repletas de plataneros, todo es verde, caluroso, tropical y agradable. Y voy en tirantitas, je. Por eso escribo en mi blog, antes de ponerme los calcetines, las botas, el abrigo, la bufanda... y salir a la calle a asumir mi derrota. Porque es más fuerte que yo.

Pero al menos, en mi habitación, siempre es verano.

Y en mi blog también.

Feliz verano. Brrr...