En verdad, tanto en este post como en el siguiente o el anterior (según tomemos como referencia el espacio o el tiempo) os recomiendo que le deis primero al play del vídeo y con la música de fondo lo vais leyendo. Por si no se os había ocurrido. Soy tan inteligente...
Cuando iba al cole no me gustaban los domingos. Tenía la certeza de que justo después de la hora de la comida del domingo, empezaba a ser lunes. La segunda mitad del domingo era un lunes disfrazado de domingo. Brrrr... Veía a mis padres ociosos, durmiendo la siesta, leyendo el periódico o viendo películas y pensaba "quiero ser mayor y tener un trabajo para que así los domingos no tenga que hacer los deberes". Pero era mucho peor cuando me levantaba un lunes frío y lluvioso de invierno para ir al cole y veía a mi perra Pandita durmiendo en su cestita y pensaba "no quiero ser mayor. yo lo que quiero es ser perro". Pero estábamos hablando del domingo...
Ya en el instituto, lo guapo era terminar los deberes justo antes de las 21h, que empezaba "Expediente-X". Esa serie que yo veía, no me enteraba de nada y luego mi hermano me la explicaba (como mi padre, que, también la veía, no se enteraba de nada y luego mi madre se la explicaba. Cosas de familia...). Aunque a veces no me daba tiempo y después de "Expediente-X" tenía que seguir estudiando ese examen del lunes, o terminando ese trabajo que me mandaron hace más de un mes. Domingo por la noche, el momento exacto de la semana en el que se materializaba la expresión "si es que lo dejas todo para el final". Brrr...
En la universidad, daba un poco igual. Ahí los domingos se multiplicaban a lo largo de la semana. Y los viernes. Y los sábados. Menos los jueves, que eran siempre jueves... Qué buenos jueves, debajo de un árbol en San Pedro, con un litro y diciendo tonterías... Aquellos jueves que hacían que el viernes se convirtiese automáticamente en domingo (por tanto, los viernes nunca se iba a clase, yupiiii!). Y justo aquí se materializaba otro tópico de mi juventud: "si es que es muy inteligente, pero muy vaga". Claro. Es que para elegir ser vaga y sacar matrículas hay que ser muy inteligente... O estudiar una carrera fácil. O ser lo suficientemente inteligente como para elegir una carrera fácil. Pero estábamos hablando del domingo...
Ahora es un poco más complicado. A día de hoy, el único día de la semana en que trabajo es el domingo. Doble. Y justo consigo tener un domingo libre, después de meses sin un fin de semana libre, lo único que consigo es escribir un post hablando de lo coñazo que son, han sido y -si nadie lo evita- serán los putos domingos.
Al final va a ser verdad que soy (y aprovecho para presentaros la palabra del día) como dice un amigo, un poco gataflora (que si se la meten chilla, si se la sacan llora, como podéis ver en este enlace). O sólo se que le tengo manía a los domingos. O igual es que, simplemente, sería más feliz si en vez de hija o hermana hubiera sido el perro de esta familia.
Menos mal que a alguien le dio por escribir esta canción. Seguro que la escribió un domingo como éste.Feliz domingo -aunque ya sea lunes... Brrr...

Qué GRAN verdad.
En mi caso, el lunes es menos traumático porque tengo la tarde libre, aunque no me ahorro el madrugón. Qué duro levantarse a las 6, oír como sopla el viento y tener que deshacerte de esa segunda piel, que son esas suaves sabanitas de felpa... A mi no mes gustan los domingos porque tiempo que transcurre entre "lo que tengo que hacer" y "me pongo hacerlo" se evapora.
Concluyo que a mi tampoco me gustan los domingos, pero odio, aún más, los lunes.
P.S: mi pajarito te manda recuerdos